Habíamos dicho que el color por lo general se asocia a un atributo, percepción, producto o servicio reconocido por el mercado.
Y esta es una buena forma de tratar de diferenciarse de la competencia.
Pero existen circunstancias en la que un color puede llegar a asociarse directa y casi exclusivamente con determinada compañía y su respectiva marca.
Es el caso, muy conocido, del color “rojo Ferrari”: la Federación Internacional del Automóvil asignaba este color a los equipos que representaban a Italia en los campeonatos internacionales.
Pero Fiat ya usaba ese color que hoy define a Ferrari en los primeros años del siglo XX. Luego, Fiat abandonó las carreras y pasó a ser Alfa Romeo el representante de Italia, la cual ya había cosechado varios logros cuando Ferrari alcanzó el éxito, convirtiéndose éste en un nueva competencia a tener muy cuenta.
Hasta el día de hoy, se sigue hablando de Rojo Ferrari, otorgandole valores propios y heredados.
Curiosamiento y sin embargo, el diseño del logotipo de esta escuadra de autos de carrera, es negro y amarillo.
Pudimos ver con este ejemplo, que la identidad cromática no es una cuestión meramente visual, sino que reune valores y aspectos que pertenecen a una cultura específica. Y además, define así la visión que tiene la empresa respecto a la competencia y al mercado.
Como conclusión, es aconsejable que el diseñador responsable de crear o rediseñar nuestra imagen corporativa, conozca la mayor cantidad de información referente a la estrategia empresarial. Esto le permitirá entregar una clara identidad corporativa que ayude a la compañía alcanzar los objetivos perseguidos.