Al comenzar con el proceso de creación de una identidad corporativa, elegir los colores correctos y sus tonalidadades puede ser crucial, en conjunto con los demás factores que hacen a una buena imagen corporativa.
1- Utilización de un color reconocido por el mercado: usar un color que funciona para la competencia puede a veces darnos resultados.
Por ejemplo, el azul suele usarse por las empresas que comercializan aguas.
Si no se usa ese color, seguramente el público le resultará complicado relacionar a la compañía con el producto que pretende vender.
2- Utilización de colores fuertemente reconocidos: es el caso de un grupo empresarial que, aprovechando una identidad visual ya arraigada, saca a la venta nuevos productos con los mismos colores y/o tonalidades.
Por ejemplo, uno de los casos más reconocidos es el del grupo Virgin.
3- Posicionamiento de un concepto, marca o empresa: cuanto más recursos tenga una compañía para promocionarse e instalar una idea, mayores serán las chances de evitar colores específicos para fijar en la mente del público.
4- Posicionamiento comercial: hay compañías que quizás tengan menos recursos que el líder en su sector, pero lo que en realidad persiguen es quedar como segundo en el mercado.
En este caso, la identidad cromática y en consecuencia, la identidad visual serán fácilmente reconocidas. Sin embargo, también puede prestarse a confusiones.
Otras compañías, adoptan una postura totalmente distinta a los valores y/o atributos de la competencia líder, pero usando colores que muestren esa oposición.